Cinco cosas malas de salir con un triatleta

Cuando lo conocí de triatleta tenía poco. Era el típico chico gordito y fiestero que alternaba las noches de copas con los Foster’s antiresacas. Dos cosas que nos causaron alguna que otra riña y que ahora, mirado con el paso del tiempo, me doy cuenta de que no supe valorar… Si no me gustaba que cada fin de semana prefiriese bailar ‘la mano arriba, la mano abajo’ en un garito antes que estar en el sofá bajo una mantita conmigo; que ahora prefiera estar pedaleo arriba y pedaleo abajo a casi cualquier otra cosa… de eso ni sé que pensar.

Porque nadie me había avisado de lo que estaba por venir. Me engañó presentándose como un gordito más bien vaguete, y cuando ya me tenía ganada me enseñó su verdadero yo: el @IronBolly triatleta. Y salir con un aspirante a Ironman, no siempre es fácil… Es verdad que tiene sus cosas buenas, pero cuando te enfadas de eso ni te acuerdas. Y sí de estas cinco cosas de salir con triatleta.

1.- ¿En serio esta es mi casa?

Igual es muy típica, pero la decoración escandinava es mi preferida (tipo Ikea, vamos). Una casa en tonos claros, con pocos muebles, espacios medio vacíos… Pues vivo en un piso de poco más de 55 metros cuadrados con tres bicis dentro, un neopreno que no se puede doblar, un rodillo, dos monos de triatlón, el casco de la bici, un hinchador, cuatro pares de zapatillas de correr e incontables calcetines, camisetas técnicas mallas y cintas de pelo, entre otros. A cada cual, por supuesto, de color más chillón. Si para llegar a mis bikinis tengo que pelearme con dos (no una, sino dos) bicis, para sacar las pelusas de debajo de mi cama no quiero ni contar lo que hago con el rodillo guardado allí…

2.- Vacaciones ‘de tres’.

Porque tu casa no será la única parcela de tu vida que se verá invadida por neoprenos, zapatillas de correr y maillots y culottes de colorines. A partir de ahora las vacaciones con tu novio o novia triatleta serán a un sitio en el que se pueda llegar en coche y preferiblemente de costa. ¿Qué por qué? Pues porque la bici será desde ya y para siempre el tercer miembro de tus vacaciones de pareja. Y como en el coche no viaja en ningún lado. ¿Qué nos vamos unos días al norte? “Pues fenomenal, meto la bicicleta en el coche y allí me hago unos kilometritos”. ¿Qué nos vamos a ver a mis padres? “Pues mejor, si Galicia tiene una tradición ciclista increíble… Y además meto también el neopreno y en la playa me hago unos metritos”. ¿Qué apenas hay sitio en el maletero? Pues se hace una maleta bien pequeñita que hay dejar hueco a la Giant y rezar porque en un frenazo el manillar no te haga una visita inesperada en los asientos delanteros.

3.- No, esto no es hacer turismo

Además de las vacaciones con bicicleta hay otro tipo de viajes: los de las competiciones. De momento solo ha habido uno, pero ha sido un ejemplo perfecto de lo que son. Da igual que estés en una ciudad preciosa o en una donde las tapas tengan renombre mundial. Tu visita estará concentrada en tres lugares: en un carpa llena de hombres más depilados que tú que bebida isotónica en mano esperan su dorsal; en un lago invadido por los mismos hombres depilados bien dejando su bicicletas o bien enfundándose en un neopreno tres tallas más pequeñas antes de saltar al agua; y en el par de restaurantes italianos donde quedará muy claro quién es el triatleta y quién el acompañante: pasta para cenar para el primero, ensalada para el segundo. Viajes que además tendrás que programar con más adelanto que tener un hijo. Todavía recuerdo cuando en agosto de 2015 me dejó de hablar un par de días porque no pude decirle si podría (o querría) cogerme en julio de 2016 mis vacaciones de verano para gastarlas en un viaje a Frankfurt donde verle disputar durante 17 horas el Ironman de la ciudad (algo que finalmente haremos en mayo de 2017 y en Lanzarote).

4.- ¿Dónde está mi novio?

De natural soy una chica más bien despegada que disfruta de los momentos a solas con toda la casa para mi. Pero oye, ya que una se echa novio, no está nada mal despertarse de vez en cuando un domingo con él y quedarse toda la mañana en la cama; o dedicar un sábado por la noche a hacerse arrumacos en el sofá. Pues si tu novio es triatleta lo más probable es que cuando el domingo te gires en la cama a las 10 de la mañana en busca de su abrazo él ya lleve dos horas sobre la bici y esté a la altura de Colmenar con otros cuatro triatletas como él. Y por supuesto, el sábado noche en el sofá nada de manitas, que el domingo tiene que estar fresco y descansado. Entre semana, su rutina será piscina antes de ir a trabajar y correr al salir. 100% disponible… para su deporte. Es que él es triatleta…

5.- El monotema

Ser triatleta, ver triatletas, leer triatletas, hablar de triatletas… Ya no le importa nada más. Ya no habla otra cosa. Ya no ve vídeos de otros temas ni lee libros de cosas diferentes. Y lo peor, casi no me deja hacerlo a mi. “¿Has visto este vídeo? Es genial” Qué sorpresa, es Frodeno corriendo. “Corre, corre, ven, ven, rápido….” Y dejas la comida al fuego para que te enseñe un tuit de Gómez Noya sobre su último entrenamiento. “Tengo una cosa que te va a gustar”. No, no son unos zapatos, es el libro de Clemente Alonso sobre triatlones. Todo esto amén de sustituir ‘House of Cards’ por Marantonman, Ikea por Decathlon o las conversaciones sobre gamusinos por las debates sobre si eres más de Ivan Raña o de Mario Mola.

Así que si tu novio/a es un fiestero empedernido, un gordoman sin remedio o un friki de los videojuegos… ¡agradécelo y piensa que siempre podría ser peor: podría ser triatleta!

2 comentarios sobre “Cinco cosas malas de salir con un triatleta

  • el 5 agosto, 2016 a las 13:17
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    Buenísimo!!! Cuanta realidad! No he parado de reírme jejejeje!!

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  • el 8 septiembre, 2016 a las 16:46
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    Buenísimo! Está narrado con ese humor ácido y fino que oscila entre la resignación y el hastío. Me ha encantado. En mi caso, la triatleta soy yo y no, no tengo pareja. No lo veo viable 😉 Eso sí, el que me toque que se prepare porque a estricta con lo que hago no me gana nadie. Solo me imagino con otro tarado como yo y que nos encontremos de vez en cuando por el pasillo de casa 😉

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