Cinco broncas que te vas a llevar si eres triatleta

Si te decides a practicar triatlón debes saber que mucha gente no entenderá tu locura. Sí, nos involucramos al máximo, llevamos una vida de sacrificios, dejamos muchos planes de lado por cumplir unos entrenamientos y eso conlleva que escuches con frecuencia frases que tendrás que capear con la misma soltura que la T1 o la T2. Tu madre, tu pareja, tus amigos o los compañeros de trabajo se encargarán de recordarte casi a diario lo que ellos consideran ‘defectillos’ como triatleta pero que a ti, por dentro, te llenan de orgullo.

Tu madre: «Te estás quedando en los huesos, ¿pero tú comes bien?»

Un clásico. Llegas a su casa y la primera preocupación es saber porque adelgazas sin parar. No servirá de nada que le expliques el triatleta que llevas dentro,  el ritmo de entrenamiento, ni que comes como una lima todo lo que se te pone por delante e incluso es posible que tampoco te sirva devorar todo lo que ponga en la mesa (que lo harás), porque en ese caso pensara que cuando no vas allí malvives como un miserable a base de pan y agua.
Solución: Aprovecha la coyuntura y llévate unos tuppers, que como una madre no cocina nadie.

Tu padre: «Si le hubieras dedicado la misma ilusión a los estudios que a ser triatleta»

O has sido un magnífico estudiante, cosa que lamentablemente no fue mi caso, o tarde o temprano escucharás esta frase. Tú padre, que vio que sacaste la carrera por lo legal o por lo ilegal (ahora eso ya no importa) y que cuando te veía en pie a las 7 de la mañana no era precisamente para ir a estudiar, descubre ahora que madrugas sin problema para irte en bici con el grupo y ve relucir tu afán de superación y espíritu de sacrificio y tu fuerza de voluntad, algo que creía que en el reparto de virtudes no te había tocado. Le gusta y se enorgullece, sí, pero también piensa… «si hubiera sacado estas virtudes antes ahora sería un gran (cada padre tenía sus gustos)».
Solución: No la tiene así que cambia de tema rápido y sácale una sonrisa o háblale de lo bien que lo pasasteis en algún viaje a alguna carrera.

Los amigos: «Tío, ¿cuando va a venir nuestro antiguo amigo?

Compaginar los entrenamientos con la vida social te costará, ya no solo por los horarios sino por las comidas y bebidas que surgirán en esas comidas. Oreja, chopitos, huevos rotos con jamón o cazón en adobo irán pasando ante ti mientras las cervezas vuelan. Y tu reprimido pidiendo una Coca-Cola light. Cuando llegan las copas y tu pides un vaso de agua con hielo (verídico) el cachondeo va en aumento (más verídico aún) y cuando ves que la cosa ya no tiene sentido (dejo de tenerlo tras su segunda caña), optas por la retirada y a aguantar el chaparrón.
Solución: No eres triatleta ‘pro’ así que yo me permito una cervecita -o dos-, que ese primer trago de cerveza fría no hay medalla de finisher que lo mejore, y luego una Coca-Cola… Con la comida hay que usar la mano izquierda (o a tu novia) para que pida un plato medio sano que a la mañana siguiente no te haga ir en bici como una albondiguilla y cuando salga coger una buena posición.

Tu pareja: «Me tienes la casa hecha una mierda»

Sueño con una casa de tres habitaciones en la que esa tercera fuera mi gimnasio, con los dorsales y las medallas en la pared, el rodillo de forma permanente, y todos los complementos debidamente ‘(des)colocados’ a nuestro gusto. Pero no, tengo un salón pequeño, dos habitaciones, la segunda es minúscula y bastantes porquerías así que si no quieres que la bici sea el mayor enemigo de tu pareja y de tu relación, cosa que no te conviene, mas te vale que no se vea mucho por casa y esa frase no sea muy repetida.
Solución: Muy sencilla en la teoría, recoger. Cuando vuelvas de la salida en bici no vayas dejando material y ropa como las migas de pan camino a la ducha, y al terminar de correr que tus zapatillas no se almacenen en la entrada. Cuesta, pero te salvará de más de un jaleo.

Tus compañeros de trabajo: «Qué mala cara traes»

Llegas a la oficina a las 9.00h tras tus 3.000 metros en la piscina, con sueño, con los ojos cerca de salirse de sus órbitas por las gafas y mas hinchado que un palomo y el buenos días es devuelto por un «qué mala cara, has dormido bien, vaya ojitos». Una maravilla de recibimiento que tú tratas de explicar ante sus caras de «este tío esta chalado».
Solución: sigue yendo a la piscina a diario, tras un par de semanas de comentarios estos irán a menos para pasar a «qué, cuántos metros han caído hoy». Y ahí ya le das rienda suelta a tu verborrea de triatleta.

Foto portada: Pure Triathlon

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *