Situaciones en las que se falta el respeto a los corredores

Acabo de llegar de correr y me ha vuelto a pasar. Es posible que ahora los corredores, o tan de moda llamados runners, molesten por la calle en alguno de sus múltiples entrenamientos, que podamos sorprender a quien va relajado por la calle pasándole por un lado o intentemos colarnos por un huequecito entre dos personas para no parar nuestra carrera. De acuerdo, entono el mea culpa y pido disculpas si en algún momento he molestado a algún viandante con mi carrera pero… ¿Qué pasa con los viandantes y sus actitudes con los corredores?

Después de mucho tiempo entrenando me he dado cuenta de que varias situaciones se repiten día tras día ante mi asombro y la naturalidad de quien lo hace. Parece que hay gente a quien le molesta que corramos por la calle, algo inevitable hasta para ir a un parque, y hay ciertas actitudes hacia los corredores sorprendentes:

– No quiero fumar, gracias

Quien no quiera correr está en todo su derecho y quien quiera maltratarse la salud puede hacerlo sin problema pero si yo no te cojo del brazo y te pongo a correr unos metros, tú no me obligues a tragarme el humazo de tu cigarro, puro, pipa o incluso cigarritos de la alegría. Nunca he fumado y desconozco la necesidad de echar el humo en un momento concreto, pero de ahí a tener que echarlo a la cara y no poder a puntar al suelo…

– La acera no es suya

Insisto en que me considero una persona tolerante que entiende las necesidades de cada persona, pero lo que no veo necesario es que la familia de cinco tenga que ir en línea, dados de la mano y ocupando toda la acera. Una pareja vale, si son mayores con mayor motivo, unos padres con su niño pequeño bien, pero cuatro o cinco familiares, que ya no son bebes para mas señas, ocupando la calle entera no lo veo. A eso se le puede añadir una bici, una patinete o demás divertimentos infantiles que harán que acabes corriendo en el carril bus de la carretera.

– Una carrera de vallas

Aquí tenemos una de cal y otra de arena porque está mejor que bien que llevéis el perro con correa, mas que nada porque algunos son muy aficionados a ‘retar’ en velocidad a los corredores o podemos tenerles cierto respeto, pero otra que cuando, bien atados, deciden hacer sus necesidades en un árbol y te pongas a mirar los escaparates de la calle. En ese momento la acera se convierte en una pista de carrera de obstáculos y te toca saltar la correa como si fueras el medallista Rolando Ortega, pero en ‘hermoso’ que diría una abuela.

– Piropos:

A mi no me ha pasado y no puedo entender por qué, será por la barba de vagabundo o mi descuidado vestuario, pero sí ves y te cuentan esos piropos sobre todo al genero femenino, de, no vamos a entrar en prejuicios, de obreros, grupos de jóvenes a la puerta del colegio o de menos jóvenes fumando (volvemos al punto 1) en la puerta del afterwork de moda.

Son solo cuatro pero cada día que sales a correr te das cuenta de la poca empatía que hay en la calle y no quiero generalizar porque también hay quien te ayuda en tu carrera, y al que yo, al menos, le pido disculpas y le doy las gracias por su ayuda. “Lo siento, gracias”, muy sencillo

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