Las grandes mentiras del triatleta

Da igual que seas su padre, su madre, su mejor amigo, su peor enemigo, su novi@, su compañero de trabajo, su jefe o simplemente un extraño que en ese momento pasaba por ahí… Seas quién seas escucharás en algún momento estas mentiras de boca de un triatleta.

Y no solo las escucharás, si no que la primera vez te las creerás y te ilusionarás con ellas hasta que la verdad aflore. Y cuando ese pase, será cuando de verdad lo conozcas y le aceptes y quieras tal y como es (o le dejes de hablar para siempre si eres un poco inteligente).

“Yo esto no lo vuelvo a hacer”

Al más puro estilo de Scarlett OHara en ‘Lo que el viento se llevó’, cada vez que finalice un triatlón (sea sprint, olímpico, medio Ironman o un Ironman entero), el finisher levantará su sudada cabeza para decir: “Esto yo no lo vuelvo a hacer, es una locura. Algo más pequeño tal vez, pero esto es una locura”. Una locura y un clásico. Creo no he estado en ninguna meta en lo que no haya escuchado a varios participantes decirlo, pongan o no a Dios por testigo, según su grado de dramatismo y cansancio.

No piensas en mentiras la primera vez y te emocionas y piensas que el despertador no volverá a sonar a las seis de la mañana para que se vaya a la piscina o que por casa no volverá a aparecer ese rodillo BKool al que ya odias más que a tu jefe y contra el que te has despellejado la rodilla más de una vez. Sueñas con el momento de llegar a casa y meter en una caja las palas, las calas, el casco, las gafas, la bici y casi hasta el propio triatleta para cerrarla y subirla a esa esquina del trastero donde ya almacenas su tabla de snow, sus gafas de buceo o sus botas de tacos de sus días dorados como delantero del Calimero Douregal. Otro vicio superado, piensas.

Pero entonces, y tras un par de días en el que las agujetas empiezan a remitir, la verdad asoma la patita y ves que todo eran mentiras causadas por el cansancio. Una patita que está pensando ya en depilarse para ganar aerodinamismo y velocidad en su próxima prueba. Y a su patita se suma tu cara de idiota. Y es que no solo “no volverá a hacer esto”, sino que su próxima prueba será todavía más dura, más cara, conllevará más horas de entrenamiento y más mierd… artilugios por toda la casa.

“A las doce estoy en casa y te acompaño a donde quieras”

En su primera salida en bici, cuando todavía ni se le pasaba por la cabeza ni hacer un Ironman ni Lanzarote, me dijo que se iba a hacer unos kilómetros por la sierra de Madrid con unos amigos, pero que en una horita y media estaba en casa y me acompañaba a un outlet a las afueras de Madrid para buscar un vestido para una boda que teníamos en unas semanas. A mi me pareció una previsión optimista, pero su confianza y mi amor ciego me hicieron esperarle sentadita en el sofá y preparada para irnos de compras. Tres horas después de su marcha yo seguía esperando sentadita en el mismo lugar pero sin tanto amor ciego. Eso sí, cuando llegó, destrozado, embarrado y empezando a saber qué es eso del callo del culete, se enteró de que lo peor estaba por venir. Tres horitas de outlet en outlet valorando que tal me quedaban vestidos, faldas y monos que en el fondo yo sabía que jamás luciría.

Desde entonces, las mentiras se siguen repitiendo casi cada fin de semana. Pero ahora, en lugar de esperarlo en el sofá, hago todos mis recados y ya si eso le enseño las fotos para que valore. Eso sí, las tardes y las noches del fin de semana son sagradas para los dos.

“Esta es la definitiva, me voy a cuidar y a poner a dieta para siempre”

Y entonces tú piensas que por fin sale algo bueno de todo esto. Él se pondrá guapísimo y de rebote tú harás también dieta y verano lucirás el bikini como nadie. Y así pasa durante unos meses en los que logras bajar uno o dos kilitos y él casi 10 (maldita genética). Pero entonces, tras la competición, el triatleta muda en un pozo sin fondo y las cenas de Goiko Grill, el sushi de la esquina y los bollos rellenos de dulce de leche y chocolate se vuelven de lo más habitual de lunes a domingo. En apenas unas semanas recuperas los dos quilos perdidos y le añades otros dos más. Y es ahí cuando te descubres deseando algo que nunca te había imaginado: “Por favor, que vuelva a apuntarse a algún triatlón”.

En realidad, la lista de mentiras podría ser infinita porque acaban por no ser normales del todo: que si te juro que no hay más aparatos que necesite; que si este viaje te prometo que no tiene nada que ver con un triatlón, que si estas vacaciones no voy a hacer deporte… Cada uno tiene las suyas, pero no te engañes (ni lo creas) y recuerda que da igual que seas su pareja, su mejor amigo su padre o su mismísima madre. Te las va a endiñar igual.

Foto portada: Diego Santamaría / Ironman

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