Sands Beach (día 2): Más preocupaciones además del viento de Lanzarote…

Si en el primer día en Sands Beach me encontré abrumado por cada detalle, mirando cada esquina, cada calle de la piscina, cada bici que veía, y lo cerraba con una salida que me enamoró de Lanzarote, este segundo día he entrenado con más reposo, aprovechando descansos, y haciendo algo que agradecemos mucho cuando competimos, y no es otra cosa que animar en el Tri:122 de Lanzarote.

La primera sesión del día

Resulta curioso cómo te acuestas un viernes poniendo el despertador a las 7:30 de la mañana y no piensas que estés mal de la cabeza. Eso hice yo ayer ya que quería estar nadando a las 8.00h, así que bien prontito andaba en pie y con ganas de meterme en la piscina. Hice la primera parte del entrenamiento en la calle 2, y cuando se quedó la uno libre cruce de corchera. Es una tontería pero ayer estuve tan a gusto que quería repetir.

Después de la natación fui al buffet libre y desayuné pensando en el día que me venía por delante. Si el viernes me quedé con rabia por una tontería y era que no vi salmón en el desayuno… Para mi un hotel para ser top top tiene que tenerlo pero hoy al entrar se lo he visto a una señora y lo he buscado como si me fuera la vida en ello… Allí estaba esperándome, así que di buena cuenta de él, y del pan, y los huevos, y fruta, y zumo y café… Medio Sands Beach me he comido así que terminé como si fuera a hibernar un par de días. Como no era el plan, me fui a animar a los participantes en el Tri:122 de Lanzarote.

Aquí me di cuenta de algo tan peligroso que tiene la isla como el viento o el desnivel en bici y no es otra cosa que el sol. Viendo que parecía que iba a hacer acto de presencia me eché bien de crema y me fui hacia la meta del Tri, donde me encontré a Mario y su chica, Ana, los chicos que seguían el blog y que conocí ayer, que estaban viendo a sus compañeros de club. Flipé porque él tenía que estar en bici y me cuenta su odisea en el agua, donde le quitaron las gafas, del cabreo al salir en la primera vuelta se quitó el neopreno y al volver al agua solo con tritraje se congeló y poco duró en la bici por el frío… Una faena en toda regla. De todo se aprende y seguro que en el Ironman no le pasa.

El desayuno se me fue de las manos

Estuvimos la mañana juntos hasta que me volví a Sands Beach para mi segunda sesión del día. Me tocaba 1:20 de carrera y salí casi a las 15:00h a hacerlo, con el sol en plena ebullición… Fui corriendo hacia Arrecife y vuelta me salieron 16 km y terminé en el famoso triángulo anexo al hotel. Ese circuito de tierra negra en el que los pros vuelan en sus series y que para mi sorpresa… no es llano (y pega el viento por supuesto).

En ese momento mi piel ya notaba los efectos del sol y cuando el Lorenzo se asomaba, la dureza de la carrera crecía porque es muy intenso. Sin duda otra cuestión a tener en cuenta el próximo 20 de mayo… Mucha mucha crema y por supuesto mucha hidratación. ¿Alguna dificultad añadida más?

Llegué al apartamento, hice unos vídeos para Instagram que muchos me habíais pedido (aquí podéis verlos), me tumbé en la hamaca en la terraza 10 minutos y pensé: “¿Y por que no nadas un rato que seguro que descargas un poquito piernas y te relajas?”. Es lo que pasa cuando tienes la pisci a 10 metros de casa, que te apetece… Si hubieran puesto una pizzería en Plaza Verde de Sands Beach me hubiera hinchado a porciones, o a pintas si fuera un bar irlandés pero no, hay una piscina así que aproveché para hacer 1.600 metritos suaves para cerrar el día. Me faltó algo de bici pero el míster se enfada si no obedezco… 🙂

Atardecer en Sands Beach

Y tras una duchita, me hice un sándwich, me abrí una cervecita y me senté en un banco de la piscina en ese momento en el que el sol ya no pica sino que calienta, viendo a los que entrenaban. Si se pudiera parar el mundo ese sería sin duda uno de los momentos elegidos. Tranquilidad, relax, disfrute y paz. Igual fueron solo 15 minutos pero deberían ser terapia obligatoria cuando el bullir de la gran ciudad nos atrapa.

Así que para no olvidar del todo la gran ciudad y la vuelta no sea traumática me volví al apartamento a trabajar con cosillas del blog, preparando historias y ahora os cuento cómo ha ido el día después de cenar y despedirme de Noel, el camarero que me ha hecho sentir que comía en casa. Aún me queda preparar las maletas, que el día de mañana será rápido y con estrés de marcha pero hay que salir en bici un rato por la mañana y tengo que encontrar unas esposas con las que atarme a la escalerilla de la piscina, eso es lo más importante, espero encontrarlas con facilidad.

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