Finisher del Maraton de Sevilla: nadie dijo que fuera fácil… aunque llegara a pensarlo

Quien crea que el running es un deporte individual es que lo ha practicado poco, o nada. Tan necesaria es la compañía mientras corres como cuando vuelves al amanecer tras una noche de fiesta o cuando vas a la biblioteca en plenos exámenes. Es posible que lo hagas solo pero en compañía tienes la seguridad de que lo harás. Doce kilómetros concrétamente hicieron falta para que el MARATÓN, y lo escribo con mayúsculas de forma consciente, me diera una lección de humildad, de compañerismo y de sufrimiento.

En el Estadio Olímpico de Sevilla había mucho corredor, mucho ambiente y los nervios a flor de piel. Allí quedé con Alejandro, un compañero de The Running Company con el que he entrenado durante todos estos meses. Tras prepararnos, cada uno va a su cajón de salida: Tito y David a rondar las 3 horas, (Tito haría 2:58.. CRACK), Alex a bajar de los 3:30 y Alejandro y yo a terminar, que para algo era la primera. Eso se dice pero todos tenemos en mente un objetivo, y la mía era bajar de cuatro.

maraton-sevilla2Comenzó la carrera y Alejandro y yo comenzamos a correr juntos… Buenos ritmos, pasan los kilómetros con rapidez, la alegría y adrenalina inicial fluye y pasamos el kilómetro diez en 55:23, a 5:30 el kilómetros. En este tramo pasamos por la Torre del Oro y la Maestranza, primeras visitas turísticas… Seguimos corriendo y aceleramos el ritmo, quizá no debemos pero empezamos a rondar los 5 minutos el kilómetro gracias a la gente, el ambiente o el paso por delante de la Macarena que parece darnos fuerza. Pasamos por la media maratón en 1:55:40. De seguir así terminaríamos en menos de cuatro horas. En 3:50:00 concretamente…. ¡¡La Leche!!

En esos momentos pensaba que no era tan duro como me habían contado, que en mi primer maratón iba a hacer un gran tiempo, que el cuerpo y las lesiones me respetaban… Disfrutaba pensando en la llegada sin darme cuenta de que poco después ni imaginaría lo que sufriría para llegar.

Del 20 al 25 sigo fuerte, siempre al lado de Alex, cada uno con nuestra música pero charlando de vez en cuando, consultando sensaciones. Corriendo rápido y disfrutando, el recorrido no era muy vistoso pero seguimos paso a paso. Por el momento no hemos llegado a una distancia desconocida para mi, 25 km sí que había corrido así que continúo optimista aunque sin saber qué pasará.

Los cinco kilómetros siguientes empiezo a confirmar algo que iba rumiando desde hacía varios kilómetros. No estaba digiriendo bien el agua, aquarius y geles, y se me estaba haciendo bola en el estómago. Eso sí, los ritmos no cayeron mucho hasta el 30 y pude mantener un ritmo de 5:40 para completar esos 30 kilómetros en 2:45:33.

RecorridoZMSevilla2015_v5Aquí llegó llegó el muro, el tío del mazo, el bajón brutal, el vacío total. Tenía la esperanza de que ese momento no apareciera, de que con el entrenamiento adecuado, hidratación durante la carrera y fuerza mental pasara por alto pero no. Allí estaba esperándome. Allí estaba para recordarme que el homenaje a Filípides debe hacerse con todos los honores, y que por momentos podría ser un persa derrotado camino a la meta. Sin duda era un castigo por haberle perdido el respeto a la mítica distancia en las primeras zancadas.

Y también llegó el compañerismo. En ese momento me paré, caminé unos pasos con la intención de que ese mejunge de mi estomago dejara de dar vueltas, de tomar aire y que mis piernas recobraran fuerzas. De poco sirvió, salvo para que mi estomago se tranquilizara, pero no llegaron fuerzas nuevas, ni aire para mi cabeza, ni refuerzos desde Esparta. Mi ayuda corría a mi lado, me animaba, me levantaba, tiraba de mi.

Pese a mis intentos por que Alex se marchara para delante y buscara una gran marca en su primer maratón, no se separó de mi lado. «Hemos entrenador juntos para esto y lo terminamos juntos» repetía él mientras yo penaba por las calles de Sevilla. Los 12 kilómetros más animados y vistosos de la Maratón fueron para mi de sufrimiento, de dolor, angustia, dudas…

Cada kilómetro se anunciaba con un cartel y costaba superarlos mientras que los avituallamientos eran cada dos y medio y parecían alargarse en el tiempo como si mi crono corriera más rápido de lo habitual. Corríamos por el parque de María Luisa y la Plaza de España pero podría haber corrido por el parque de El Retiro porque miraba al suelo y apretaba los dientes. No había fuerzas para mirar el maravilloso recorrido, y apenas para escuchar a los miles de sevillanos que animaban por las calles botellín en mano. «En qué estaría pensando yo para estar aquí» me preguntaba mientras confirmaba que me cambiaba gustoso por ellos.

Al salir del parque apenas quedaban cinco kilómetros… eternos. Por las calles mas festivas de Sevilla, por la Alameda hasta el puente de la Barqueta. Solo dos kilómetros y Álex ahí seguía, como mi sombra. Reducía su paso al máximo mientras yo bebía en los avituallamientos, o cuando trotaba a la misma velocidad del paso ligero.

maraton-sevilla3Con el Estadio de la Cartuja a la vista tampoco pude aumentar el paso, iba tieso. Llegamos al túnel, el sol sofocante da una tregua, oscuridad y una luz al fondo. Es la pista… Ya estamos, solo quedan unos metros para conseguirlo. La vista del estadio es impresionante, y eso que está casi vacío. Al entrar paro unos segundos, ando y  miro a mi alrededor. «Joder, es acojonante», le digo a Alex.

Trotamos los últimos 200 metros, la megafonía suena de fondo, el público anima y busca a sus familiares y yo solo veo la meta. Nos acercamos, no sonreía por fuera pero por dentro… joder, qué felicidad. Antes de llegar a meta levanto los brazos («lo he conseguido, lo hemos conseguido») y tras cruzar la línea me abrazo con Álex, casi me aguanta para que no caiga. Le doy las gracias, se las vuelvo a dar y  se lo repito de nuevo. Si no hubiera estado quién sabe cómo hubiera terminado o en cuánto tiempo.

Habíamos terminado nuestra primera maratón en 4:13:02. No era el tiempo esperado, ni las sensaciones deseadas pero qué más da… Eramos finishers de nuestra primera maratón. Tantos madrugones, esfuerzos, y dificultades se veían recompensados. Hay mucho que mejorar, pero también mucho que celebrar. ¡GRACIAS A TODOS!

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