La otra crónica de Hawaii: Frodeno es campeón en la barra libre

Cuando meses atrás acepté encantado la invitación a la boda de un buen amigo, no se me pasó por la cabeza que me iba a perder el Ironman de Hawaii. Fue después, cuando adelanté un par de hojas del calendario y comprobé la coincidencia, cuando mis pensamientos se parecieron al clásico personaje de cómic que maldice su suerte pero aún había una halo de esperanza, si la boda era de día a las 12 de la noche estaría en casa viendo el final de la maratón. Pues no señores, la boda era a las 17.00h, que con el habitual retraso empezó a las 17:30h y que al ser de un español y una americana y fue medio traducida duró lo suyo… Conclusión: ver, lo que se dice ver, no iba a ver nada del que a la postre sería el segundo Ironman de Hawaii de Frodeno.

Porque si una boda coincide con la final de Champions hay dos opciones, o cambiarla de día o poner una pantalla gigante a riesgo de que media boda se vaya al bar de turno a ver el partido. No te digo ya si juega el Madrid, Atlético o ambos… Pues si el día de la boda es el Ironman de Hawaii olvídate de la pantalla gigante, también del bar porque en la tele no lo dan y no te van a enchufar la señal de Ironman Live y prepárate para miradas extrañas cuando ven que en el móvil miras de manera continuada el resultado de la prueba… Bendito Internet dicho sea de paso ( y la batería del Iphone que se comportó como una autentica finisher).

Esperando a que comenzara la ceremonia pude ver cómo los Pros españoles publicaban en sus redes sociales sus llegada al box y los últimos momentos de relajación y concentración. Tocaba prepararse para la salida y a mi me tocaba entrar en la Iglesia… El Pier de Kona debía estar como la pequeña Iglesia donde fue la ceremonia porque, llena hasta la bandera, me tocó subir a la planta de arriba, donde sacar el móvil era más discreto dicho sea de paso. Entre foto y foto a los novios también veía alguna de la natación, la mítica salida de los grupos de edad y las pocas referencias del sector en el agua.

De camino al convite, y ya sin remordimientos por sacar el móvil, vi que Frodeno marcó su ley en el agua rompiendo el grupo y provocando una pequeña brecha con Eneko e Iván… Empezaba la bici y ahí estaba la clave. Entre tostilete de foie, de salmón y tataki de atún afronté la primera parte de la bici… Primeros 70-80 km esperanzadores con los dos españoles en el grupo principal y con opciones de soñar, momento en el que salía del agua el último nadador. Golpe de realidad, solo unos pocos luchan por ganar y otros muchos por superarse y ser más grandes…

Mientras las redes mostraban fotos del incumplimiento del drafting habitual, teníamos noticias de Carlos Aznar, Alessia Bertolino y nos fijábamos bien en el mono que estrenaba Iván Raña en carrera… Vaya chulada. Pero volviendo al lío, flipábamos con la bici de Weiss y el sector que estaba haciendo. Entre vino y cañita enseñaba la DiamondBack a algunos de mis amigos a los que les parecían mucho más interesantes los cucuruchos de roquefort… Pero como hasta el rabo todo es toro, muy ricas esas croquetas por cierto, Weiss pinchó después y en la maratón se quedó sin opciones.

En la segunda mitad de la bici aproveché para realizar el avituallamiento especial… No me separé mucho del móvil pero me serví mi arroz con piñones y pasas (algo de energía), roast beaf y ensalada… Todavía quedaban 5 horas de carrera y había que mantenerse con energía pero sin pesadez de estómago. Tras devorarlo e hidratarme un poco más, no olvidemos que estaba de boda, volvimos a la carrera. Muchos se preguntaban si me ocurría algo, que por qué estaba en una esquina atento al móvil o se se decidían a hablar conmigo para ver si todo iba bien pero al verme tuitear, escribir y seguir la carrera cambiaban de dirección hacia la barra pensando vete tú a saber qué… y podría no faltarles razón eh.

Ya en la T2 había comenzado el segundo avituallamiento especial de la boda. Las bebidas de alta graduación habían llegado, yo miraba asombrado la carrera codo con codo de Frodeno y Kienle y, esperanzado con la remontada, asistía al majestuoso ritmo de Raña en la Maratón. «Tómate esa copa y calla» era la respuesta cuando enseñaba cómo corrían casi de la mano los dos imponentes alemanes, que incluso llegaron a bromear en carrera… y viendo la incomprensión en la boda opté por llamar a los amigos que habían quedado para verlo.

Me pusieron al tanto de todo, de los Pros y de los grupos de edad… «Ojo con Aznar» me decían, y la maratón comenzó a pasar con una velocidad aplastante. Quizá fuera porque las cervezas y algún ron cubano, nada de hawaiano, comenzaban a hacer efecto pero los problemas de Eneko, la remontada de Raña, el orgullo de Saleta y Guru o la exhibición de Daniela Ryf parecieron pasar en 30 minutos cuando realmente fueron casi 3 horas. Para todos menos para Patrick Langer que se marcó un carrerón de espanto con 02:39:45.

Mientras Raña completaba sus últimos kilómetros en busca de Van Lierde y aparecían los calambres, yo iba de nuevo a la barra para evitarlos en ese momento tan delicado de la noche… Frodeno entró primero seguido de Kienle, Langer fue tercero y Raña dejándose el alma pasó al belga para terminar noveno. Eneko sufrió pero terminó con pundonor y Aznar se salió literalmente para ser el tercer mejor GGEE de Hawaii. Saleta y Guru descubrieron la dureza de Kona y yo ya solo celebraba que todo había ido bien… Me reuní con el grupo, anuncié que Frodeno era ‘el Rey’ y podría asegurar que lo celebraron exaltados si no fuera porque la razón de la algarabía era la música de fondo así que me uní a todos ellos. Cada uno festeja lo que quiere… ¡VIVA FRODENO! Digo los novios…

Foto: Facebook / Jan Frodeno

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